lunes, 28 de julio de 2014

BUSCANDO ADRENALINA .


Les comparto extractos de un excelente artículo de un amigo, Jairo del Agua, dedicado a la absurda diversión de arriesgar la vida .
Como para pensar : ¿para qué lo hago?, ¿cuánto vale la emoción que consigo, junto a la vida que arriesgo?, ¿estoy midiendo las consecuencias y los efectos de mi aventura?, y si pensara creativamente ¿en qué puedo "arriesgarme" que signifique un real beneficio para mí y para otros?
Ahora la muerte es buscada a ritmo de "rock",  invocada, cortejada sin el menor rubor.
Un deporte es esencialmente ejercicio físico practicado para desarrollar el cuerpo y el espíritu. Pero la estupidez avanzada de nuestro avanzado mundo llama deporte a flirtear con la muerte, a veces sin mover un solo músculo.
La adrenalina es una hormona, segregada principalmente por las glándulas suprarrenales, que constituye un poderoso constrictor de los vasos sanguíneos. Es una especie de alarma natural ante los ataques a nuestra integridad. Actúa en el sistema nervioso poniendo en guardia al sujeto ante un peligro y prepara el cuerpo para evitar posibles hemorragias.
Pero empresarios largos y clientes cortos han convertido la adrenalina en objeto de artificiales juegos de aproximación a la muerte
¿Cómo es posible jugarse la vida por diversión? 
Si uno se juega la vida o la integridad física, la racionalidad humana exige el contrapeso de una causa proporcionada. Un socorrista se arriesga por quien se ahoga, un bombero se la juega por rescatar a una persona o un policía muere por defender a un inocente. Entonces hablamos de héroes: "arriesgados con causa".
Hay un valor que defender, generalmente la vida o la integridad, otras veces el pan de cada día. Que le pregunten a un pescador de mar, a un minero o a un albañil de andamio por el valor de la vida. ¡Que les inviten a participar en jueguecitos de muerte! La respuesta podría ser apoteósica.
Los modernos payasos de la muerte no necesitan causa alguna para jugarse la vida. No piensan, les basta la "divertida excitación" provocada artificialmente.
Por no pensar, no piensan ni en las vidas que destruyen junto a la suya. ¿Quién piensa en los padres de ese 60% de jóvenes accidentados o muertos en las carreteras? ¿Quién consuela a la madre, a la viuda, a los huérfanos, que sufren las consecuencias de la diversión de un propio o ajeno? ¿Quién se acuerda de los "sentenciados sin culpa" a cuidar al tetrapléjico de la juerga?
Nunca podré olvidar el dicho de mi padre: ¡Valiente pero prudente! Qué lección tan breve y completa.
Valiente a la hora de trabajar los talentos, de defender la familia, la patria, la honra, la dignidad, la justicia o la solidaridad.
Prudente sin embargo a la hora de divertirte, de viajar, de aceptar compañías, de elegir un deporte o de alegrar tu ocio. ¡Arriésgalo todo, sí, cuando la causa lo merezca, pero no arriesgues ni poco ni mucho por nada!
Si quieres leer el artículo completo, puedes verlo en  http://blogs.periodistadigital.com/jairodelagua.php/2014/07/08/p240619#more240619

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